Historia de un sueño

CAPÍTULO I

Cuando no tienes una red debajo y no te puedes permitir el que las cosas no te salgan, por la responsabilidad con tu familia y con otras muchas personas más, no te queda otra que ser capaz de encontrar nuevos caminos dentro de una situación general económicamente despiadada.

A inicios del 2011 el panorama se nos empezaba a presentar complicado. Por un lado teníamos un proyecto empresarial que, aunque consolidado, tras tres años de crisis daba los primeros signos de cansancio. Por otro, estábamos sacando adelante una aventura inmobiliaria, en pleno centro de Bilbao, pero los vientos que soplaban nos decían que en cualquier momento aquello podría dejarte helado.

La crisis puede ser muchas cosas: una gran injusticia internacional, el inevitable resultado de algún maligno ciclo macroeconómico o la hija nefasta de la corrupta clase política. Comparto las quejas, la indignación general y me uno a las maldiciones, pero yo preferí ver en esta compleja crisis financiera un enemigo vulnerable. No teníamos mucho tiempo para lamentaciones, de modo que tuvimos que hacer algo al respecto. A eso lo hemos llamado OLABAI.

Edificio donde se encuentran las oficinas de Olabai Entrada al edificio

 

CAPÍTULO 2

Hola, me llamo Gonzalo, tengo 57 años, una familia, el título de economista y soy el padre de un proyecto empresarial, basado en la participación “on line”, que podríamos definir, cuanto menos, como ingenioso, honesto, divertido y contagioso.

Con él queremos organizar un lugar de encuentro donde cuestiones tan castigadas como la rentabilidad financiera, el comercio inmobiliario y otras muchas más, no se vieran afectadas por el mal hacer ajeno. Un refugio, si quieren, donde todos sus ocupantes estuvieran a salvo gracias a algo tan básico como su propia unión.

Más allá de la crisis como generadora de ideas, todo tiene unos antecedentes, una génesis,  y OLABAI tuvo los suyos particulares pero, por supuesto, muy prosaicos, sin épica alguna, lleno de inseguridades y atrevimientos, que es lo que me gustaría contaros a partir de la próxima semana.

Gonzalo Primer intento de logo de Olabai

 

CAPÍTULO 3

Una mañana de abril de 2011, creo que fue el martes 5, mientras me afeitaba y me miraba sin verme en el espejo , daba vueltas a ideas que venían a mi cabeza, se quedaban un rato y luego desaparecían. Unas eran repetitivas, otras graciosas, alguna tonta y con otras acababa pensando en fútbol.

Una de esas ideas regresó y no se fue, mientras compartía desayuno con mis hijos medio dormidos, antes de que salieran para el cole en la típica escena mañanera que, por lo menos a mi, siempre me ha resultado deliciosa.

Aquella idea, que no se iba hablaba de un piso de 165 m2 que teníamos en Madrid, en la zona de Chueca, ocupado por una ciudadana que nos pagaba religiosamente todos los meses 0,90€ e inaccesible a cualquier parlamento, pues no se fiaba ni de su propia abogada.

Por enésima vez me volvía a preguntar qué podía hacer con aquello. Miraba de soslayo a mis hijos mientras tomaban sus tostadas y pensaba: “Pues no os quedan desayunos hasta que un día podáis disfrutar de ese piso”.

… me afeitaba y me miraba sin verme en el espejo. Nuevo intento de logo de Olabai

 

CAPÍTULO 4

Lo haré breve, sólo diré que una idea me llevó a otra y ésta a otra más complicada y, así, camino del trabajo, ya en la calle Astarloa a la altura de la tienda de Pedro López, tuve una idea final, como una especie de rompimiento de gloria callejero:

-“… entonces, lo que vale para un piso, vale para dos, para tres y, así, ¿hasta aburrir?”.

Llegué a la oficina tres pensamientos más tarde, donde ya estaba mi compañero Edu.

-“Deja todo y escucha a ver que te parece esto”- Le pedí.

Pasamos toda la mañana elucubrando, rectificando, añadiendo puntos nuevos a aquello que iba, poco a poco, impresionándonos conforme atabas cabos por todas partes.

Por la tarde despachamos algún asunto inaplazable y volvimos a la carga con todo aquello.

A la mañana siguiente, Edu se sorprendió que de continuara con la idea en la cabeza. Vio que iba en serio.

En dos días más, las líneas generales estaban ya establecidas, todo encajaba y había respuestas para todas las preguntas que se nos ocurrían.

… a la altura de la tienda de Pedro López Llegué a la oficina … donde ya estaba mi compañero Edu.

 

CAPÍTULO 5

Aquel primer fin de semana pasé la idea, ya proyecto, por escrito. Quería que llegara rápido el lunes para empezar a hacer las gestiones para registrar todo lo registrable; tenía la sensación de que en ese momento, en algún lugar del mundo, alguien estaba elaborando en su cerebro algo similar.

Es curioso pero, en este tipo de historias, piensas inmediatamente en poner nombre a lo que se te ha ocurrido. Le di varias vueltas y llegué a uno: “Hola bai”, que significa en euskera “así sí”, “de esta manera, sí”, lo que encajaba de maravilla con la filosofía del proyecto: un sistema que servía para que todo le mundo saliera beneficiado, es decir, “si las cosas son así, entonces sí participo”.

Le quité la “h” y lo dejé en Ola Bai.

En esa siguiente semana, un abogado de marcas nos explicó de qué iba lo de patentar ideas. Una idea en la Unión Europea, nos dijo, no es patentable; perfectamente podía ser pasto de la copia.

Todo lo más, para proteger aquello, y hasta un cierto punto, nos aconsejó presentar una copia literal de la descripción del proyecto en el registro de autores, para que, por lo menos, quedase constancia de que habíamos sido los primeros. Algo era algo pero nos quedamos Edu y yo un poco fastidiados.

Luego nos recomendó que nos hiciéramos con los dominios necesarios de Internet y que constituyésemos la sociedad con ese nombre exactamente y procediéramos al registro comunitario que valdría para casi todo el planeta Tierra.

Así nos lo dijo, así lo empezamos a hacer.

 
 Registro de Olabai en Europa Nuevo intento de logo Olabai

 

CAPÍTULO 6

Recuerdo que, poco antes de que se nos ocurriese toda esta aventura en la que nos estábamos metiendo, había visto la película “Red social” en donde se cuenta la historia de cómo surgió Facebook. Simplemente me gustó, me pareció entretenida y, al final, recuerdo que comenté a mi mujer:

-“Todos los que estamos saliendo ahora del cine estamos soñando con ser capaces, algún día, de tener una genialidad como la de Zuckerberg, ¡qué gracia!”

Y ahí quedó el comentario acompañado por una sonrisa de ella.

Evidentemente, unos pocos meses después, con la idea ya en la cabeza, volví a verla pero esta vez con lápiz y papel en la mano para no perderme nada de lo que allí se contaba.

La película me siguió pareciendo interesante pero sólo saqué una enseñanza: que nuestro camino iba a ser terriblemente difícil porque Bilbao no era Hollywood, porque la vida real es algo muy diferente a una película escrita para ser comercial.

Bilbao no era Hollywood … (autor Iñigo Escalante) Cartel de la película “La red social” de David Fincher

 

CAPÍTULO 7

Teníamos la idea y estábamos convencidos de que era buena pero nos había entrado una obsesión enfermiza de que no se la podíamos contar a nadie, porque entonces peligraba todo.

Edu y yo, cuando debíamos explicar a alguien algo, lo hacíamos casi bajo promesa de excomunión por el temor de que esa persona se fuera con la historia a otro lado.

Resultábamos hasta ridículos.

Tiempo después leí que este síntoma es muy normal entre aquellos a los que se les ocurre algo raro; creen que los demás no piensan y que él, como cree que piensa, está condenado a que le quiten la idea. Es el síndrome del ocurrente infeliz. Saber que Edu y yo encajábamos en esa patología nos dejó muy tranquilos.

Tambien había leído que si aspirábamos a presentar el proyecto a un inversor -para lo que había que vencer ese enfermizo miedo a contar algo- debíamos ser capaces de relatar el proyecto en, al menos, 45 páginas.

Para el registro de autores había sido capaz de escribir 17, ahora el reto era de casi 50.

No te pedían que divirtieras a nadie, simplemente que fueras capaz de estructurar la idea y de tener la cabeza suficientemente amueblada como para que otro se enterase de lo que querías poner en marcha.

(Continuará)

Lugar de presentación para el depósito legal de Olabai ¿Dónde un inversor?, ¿donde un ángel de negocio?

 

CAPÍTULO 8

Me puse manos a la obra.

Después de tres fines de semana tecleando sin parar en casa, sin darme cuenta que tenía una familia alrededor, logré redactar un insufrible ladrillo que recogía fielmente la idea.

Era un plan de negocio de 47 hojas, claro, tedioso y de lectura nada apetecible. Lo tenía todo aquella joya a la espera de un inversor de los que me habían contado que existían.

A eso le siguió el plan económico cuyo resultado fue glorioso:

-“¿Dónde he metido la pata?”, fue mi primera pregunta.

La hoja de cálculo era enorme, como enormes eran los beneficios que por allí asomaban.

- “¡Pues empezamos bien!”

Volví a repasar todo; afloraban errores y detectaba omisiones pero sus correcciones me llevaba a cifras aún más alegres.

-“Yo esto no se lo puedo enseñar a nadie, van a pensar que soy tonto”, me decía en voz baja.

Aquello no podía ser real pero estaba ya demasiado fundido para repasar, una vez más, lo que pudiese estar mal.

Vi “Una noche en la ópera” de los Marx y me fui a dormir.

(Continuará)

El plan de negocio no se diferenciaba mucho de esto No podía ser, ¿en dónde me había equivocado?

 

CAPÍTULO 9

Paralelamente a aquel desastre presupuestario, Edu yo acordamos que debíamos dar un paso más: había que pensar en contactar con alguien que conociese el mundo informático y que nos diera luz en un terreno del que sabíamos muy poquito.

Preguntamos aquí y allá, dimos varios inevitables palos de ciego, tuvimos unas cuantas entrevistas y, finalmente, nos dieron una referencia fiable. Nos hablaron, muy bien, de un tal Nacho que vivía en Vitoria-Gasteiz.

Dimos con él y fijamos una cita en Bilbao.

En ella nos contó su vida y milagros y tras escucharle detenidamente, como seguíamos con el síndrome del miedo, le hicimos firmar un contrato de confidencialidad para pasar a hablarle del contenido de nuestra futura batalla empresarial.

A esto le siguió, unos días después, una videoconferencia entre ambas partes, donde se marcaron unas necesidades y unos hitos de los que nació un presupuesto por sus servicios.

Le dijimos que sí y pasamos a ser tres en el proyecto.

(Continuará)

A esto le siguió una videoconferencia
José Ignacio García Alonso, JIGA

 

Si lo deseas puedes dejarnos tu comentario.
 

8 comentarios

  1. Gontzal dijo:

    2 mar 08:53

    La protohistoria de Olabai. Avanti ragazzi!

  2. Javier dijo:

    24 mar 10:04

    Propongo señalizar la esquina del “rompimiento de gloria callejero” como punto de creatividad urbano. (Casual y Causal) el “PCU”
    Tendríamos el primer “Punto de Creatividad Urbano físico y por supuesto virtual” cuyo objetivo sería el de recoger ideas de todo tipo que…en el próximo capítulo sugeriré como procesarlas y difundirlas. .-siguiendo la estela de los nuevos mini-legados Olabaitarras-
    Gonzalo, además de dar vida a Olabai estas cambiando la visión de los espacios comunes de la ciudad. Vas a conseguir un urbanismo más vivo y divertido.
    Mucho ánimo y un fuerte abrazo!

  3. Irene Orueta dijo:

    24 mar 18:28

    Gonza

    Me parece apasionante, pero todavía no nos explicas de que se trata la aventura. Te sigo leyendo! Y TE ANMO PARA QUE SIGAS ADELANTE,
    Un besazo

  4. guo@olabai.com dijo:

    24 mar 23:30

    Irene,

    antes que nada, gracias por tu comentario.

    Por el momento no podemos decir más, por precaución. En la definición de “¿Qué es Olabai? aparece qué es lo que se conseguirá a través de nuestro proyecto -entre otras muchas cosas más- pero lo que no hacemos aún, como he dicho, es contar cómo lo vamos a lograr.

    Un beso.

  5. Sandra dijo:

    8 abr 13:36

    ¡Hola Olabai! … o quizá tendría que decir ¡Ola Holabai!. Tengo unos dinerillos de origen intachable en un banco de gente muy educada, cuando llego me dan los buenos días y luego me despiden con un cariñoso adiós. A cambio, y por lo visto es lo suyo, me arrean unas comisiones que me quitan las ganas de jugar con mi marido durante un par de semanas. ¿Lo vuestro sirve para cambiar eso un poco o me he equivocado de web?

  6. Gontzal dijo:

    8 abr 21:26

    Hola Sandra,

    Tal como están los bancos, es lógico que cobren por cosas que en la época de las vacas hermosas no se cobraban pero que sí suponían un gasto para ellos.

    Se va imponiendo, poco a poco, la banca “on line” en la que casi todas las gestiones diarias no dependen del trabajo del personal del banco y por tanto son gratuitas. A ese uso nos tenemos que acostumbrar todos y ese uso sin limitaciones nos tendrá que ofrecer la banca.

    Sobre nuestra web sólo decirte, por ahora, que debes esperar un poco para que tú puedas juzgar si es la que esperabas o no.

    Un saludo

  7. Jorge dijo:

    14 abr 21:05

    Hola Gonzalo:

    Me ha encantado cómo explicas todo el proceso de vuestra nueva idea. Es una forma muy original de crearnos el gusanillo y de hacernos partícipes en la creación de esta nueva aventura empresarial. Va a ser un triunfo seguro.

    Un abrazo.

  8. ROSAURA ZULUAGA dijo:

    22 abr 12:37

    HOLA OLABAI:
    Cada vez se va poniendo más interesante esto. Yo como empleada de banco, afectada por un ERE, me parece un tema que a mi me apasiona y sobre el que conozco algo, poco, pero……siempre se pueden ver las cosas desde ópticas diferentes. Y cómo las cosas van como van, hay que usar el ingenio, la creatividad y los conocimientos para buscase la vida y aprovechar las oportunidades.
    seguir así, ánimo….

    Rosaura